El complejo de Blancanieves se basa en el cuento folclórico de Blancanieves que ha sido objeto de mucho análisis desde la psicología, sobre todo últimamente, donde se ha puesto en controversia la conveniencia de exhibir la película animada a niños pequeños.
La prensa lo ha reflejado en múltiples publicaciones y la junta directiva de Disney se ha hecho eco realizando declaraciones públicas. En realidad lo que se cuestiona es la escena de un beso ‘sin consentimiento’ en la película producida por Disney en 1937.
Esta película se basa en un cuento folclórico de origen germano que proviene de la tradición oral; fue puesto por escrito por los hermanos Grimm en el siglo XIX en la obra ‘Cuentos infantiles y del hogar’, junto con muchos otros como La Cenicienta, Hansel y Gretel y muchos más.
Estos relatos de origen y antigüedad incalculable van pasando de generación en generación manteniendo una estructura básica. Se mantienen en el tiempo porque han sido de utilidad a los pueblos que los han contado.

Blancanieves en la historia moderna
Es interesante que en la versión del cuento de los hermanos Grimm no existe una escena del beso que tanta controversia viene generando.
Blancanieves está en estado de catalepsia en el ataúd de cristal y oro, cuando llega el príncipe. En lugar de besarla, pide a los enanos, que están en un duelo, que le cedan en cuerpo incorrupto para llevarlo a su castillo y darle un sitio digno.
Sin embargo, en el transporte del féretro los lacayos tropiezan y dejan caer el cuerpo. Con la sacudida Blancanieves expulsa el trozo de manzana envenenada que tenía atravesado en la glotis y despierta. Luego llegó el casamiento y fueron felices para siempre.
Otra diferencia sustancial entre el relato de Disney y la versión de los hermanos Grimm es que la bruja, la cruel madrastra, es invitada al casamiento de Blancanieves y el príncipe, aunque ignora quienes son los novios.
Al ser reconocida en la boda, el príncipe hace que sus soldados la arresten y le dan una muerte muy cruel: le colocan unos zuecos de hierro calentados al rojo y le obligan a bailar con ellos hasta la muerte.
Esta versión no es apta para el consumo de niños, claro está, máxime cuando la película fue estrenada en 1937, una época donde los contenidos para el entretenimiento estaban mucho más controlados y censurados que en la actualidad.
Existen otras diferencias como la cantidad de intentos de asesinatos perpetrados y fallidos por parte de la madrastra; o lo que la madrastra hace con las vísceras que el sicario cazador entrega en una caja, las vísceras que supuestamente pertenecen a Blancanieves.
Lo que no cambia entre las distintas versiones del popular cuento de Blancanieves es la idea central: la figura de la madre narcisista celosa de la juventud y belleza de la hija que teme ver crecer e independizarse; la necesidad de la hija de independizarse de la figura materna opresiva, el proceso de maduración que se emprende como un peligroso camino; la ‘muerte’ del ego para regresar en forma adulta; y la ‘muerte’ de la madre negativa como integración de la figura materna por parte de la persona adulta.
El exacerbado narcisismo patológico de la madrastra que no puede soportar que la hijastra compita con ella en belleza es algo que se da en las mejores familias. En la actualidad las cirugías y tratamientos estéticos permiten a las madres reciclarse y competir con la juventud de la hija.
No son pocos los casos donde la madre parece más joven y voluptuosa que la hija y viste las mismas ropas juveniles y atrevidas que ella. La competencia se vuelve obsesiva ya que la madrastra increpa constantemente al espejo mágico para preguntar una y otra vez los mismo.
El espejo en sí mismo es todo un símbolo que en este caso dice siempre la verdad, la cual es intolerable y por eso ordena el asesinato.
Análisis del complejo de Blancanieves
Este mismo narcisismo se expresa en el hecho de que en la versión de los hermanos Grimm las supuestas vísceras de Blancanieves son cocidas en sal y consumidas por la madrastra, algo que recuerda a las creencias de ciertos pueblos antropófagos que pensaban que al comer el corazón o el hígado del enemigo vencido recibían su fuerza o su magia, una forma truculenta de aniquilación.
Las madres patológicas que no soportan la independencia de los hijos y volverse ellas mismas irrelevantes, aniquilan muchas veces en forma simbólica a los hijos convirtiéndolos en seres nulos e incapaces de desarrollarse sanamente como adultos, siendo dependientes de la madre por toda la vida.

Por supuesto, la madre jamás puede ser irrelevante en la vida de una persona, esto más bien es una fantasía parte del mismo narcisismo que oculta un sentimiento de inferioridad.
El cazador no cumple con su cometido y Blancanieves vive. Ya sola en el bosque Disney muestra coloridas escenas donde los animales del bosque protegen y guían a la seguridad a Blancanieves.
Semejante giro dramático no tiene correlato en versión de los hermanos Grimm y es fruto de la prodigiosa imaginación de Disney.
Es interesante observar que Blancanieves tiene poder sobre las bestias salvajes dada la pureza de su corazón estas no le teman; es algo que podríamos relacionar con la naturaleza emocional ya que las bestias no razonan. Esta naturaleza emocional es algo que la heroína de la historia pone a su servicio con gran habilidad.
En cuanto a los siete enanos que dan protección a Blancanieves, puede pensarse en ellos como diferentes etapas en el camino de la individuación, aunque también existe una lectura religiosa que los caracteriza como siete pecados capitales, aquellos con los que necesitamos convivir para conocer el mundo.
Se trata de criaturas subhumanas que podrían bien identificarse con fuerzas naturales o gnomos, que al estar asociados al elemento tierra (los enanos son mineros) aportan realismo y concretización de objetivos. Los amables enanos ofrecen protección a Blancanieves a cambio de que ella realice labores domésticas; la niña adquiere habilidades que le permitirán en el futuro ser ofrecida en matrimonio.
La etapa del cuento que transcurre en la cabaña de los enanos es una preparación para la vida de la mujer adulta. Adicionalmente conviene observar que el número 7 significa el perfeccionamiento de la forma.

A pesar de que Blancanieves se siente segura en su refugio oculto, la madrastra bruja acaba por saber que la niña aun sigue entre los vivos gracias a su espejo y detenta el primer puesto en la lista de mujeres bellas de la región, por lo cual planea nuevamente asesinarla. En la versión de los hermanos Grimm se suceden 3 intentos de asesinato, que sumando al primero cuando se envió al cazador a perpetrarlo, totalizan 4.
Este número también presenta un rico significado: las 4 direcciones de la materia, la cruz, el espíritu animando a la materia de la forma ya perfeccionada en el número 7. La muerte necesaria para el renacimiento.
Tanto en la versión de los hermanos Grimm como en la película animada de Disney la estratagema que funciona a la bruja para dar muerte a Blancanieves es la manzana envenenada, la cual es muy tentadora y nos remite al pecado original.
Si bien en la biblia no hay mención de manzanas, ni se especifica de qué tipo es el fruto prohibido; el hecho importante es que se trata de un fruto el que hace pecar a Adan y a Eva. Las representaciones renacentistas en pinturas muestran al fruto como manzana.
Esto induce a pensar en la manzana como el pecado que pone fin a la inocencia y al final de la vida de Blancanieves en la casa del bosque.

En cuanto al príncipe, se puede asociar a ‘animus’ junguiano, el arquetipo de varón, en este caso un masculino sano y nutritivo, que rescata a la niña del sueño infantil, y le ayuda a volverse mujer adulta.
Se trata de una figura masculina protectora y fuerte que tiene poder para mandar y practicar la justicia con autoridad, lo que hace tradicionalmente un padre cabeza de familia. La justicia que practica al castigar con la muerte a la bruja malvada.
Esto presenta paralelismo con el llamado ‘Complejo de Electra’ formulado por Jung, donde la hija se encuentra en una situación de competencia por el amor del padre. ‘Matar a la madre’ patológica o madrastra, puede verse como la integración del arquetipo matriarcal, ya que la bruja o sombra de la madre, está muerta, pudiendo la mujer encauzar sus impulsos hacia un varon.
El relato puede ser anacrónico, en la actualidad instamos a la mujer a ser fuerte y no esperar por un ‘príncipe azul’ que la rescate. Por esa razón se ha puesto en entredicho la conveniencia de exhibir la escena del beso que devuelve a la vida a Blancanieves, asemejándose a un abuso cometido por un varón que no pide permiso para besar.
Para actualizarlo se optó por un relato alternativo: el del filme ‘Blancanieves y el Cazador’ estrenado en 2012 y dirigida por Rupert Sanders. En esta historia el cazador no solo perdona la vida a Blancanieves, además de eso le enseña cómo convertirse en una mortífera guerrera que al final de la película acaba ajusticiando a la bruja ella misma.
En este relato el príncipe no logra despertar a Blancanieves del letargo porque su beso no es de amor verdadero, en cambio sí lo logra el cazador con sus lágrimas. Ella es coronada reina y no contrae matrimonio, con lo cual está ocupando el lugar de poder que en el cuento original ocuparía un varón.
Como se observa a simple vista, esta historia empodera a la mujer. Matar a la bruja y ocupar su lugar en lugar de iniciar un hogar con un varón también posibilita a Blancanieves ‘matar a la madre’ pero en lugar de integrar la somete por la fuerza, quedándose en el conflicto e imposibilitando la sanación del complejo.
Nuestra heroína se coloca aquí en un triángulo dramático donde primero es víctima y luego se mueve a la posición de victimario, haciendo eterno el conflicto y dejando irresuelto el trauma inicial. Esto es típico de la mujer que no abandona el hogar materno y queda soltera, aún en competencia con la madre envuelta en relaciones de amor-odio.
El cuento tradicional de Blancanieves proviene de la noche de los tiempos y acomoda a la forma en que la humanidad se ha organizado para sobrevivir y prosperar por milenios de acuerdo a tendencias biológicas que están fuera de discusión más allá de las ideologías de moda. El relato seguramente continuará viajando de generación en generación ya que es necesidad contarlo.
Por Mariano Gazzola

