Cuando hablamos de energía, materia y espíritu no hablamos de ciencia; no es empíricamente verificable pero quiero basarme en las teorías de la física. Materia y energía son fuerzas equivalentes tal como lo explicó Einstein, con su famosa ecuación E=MC2 la materia es energía y viceversa.
La energía se presenta en diversos estados de condensación o frecuencia vibratoria; en la frecuencia más baja se encuentra la materia del mundo físico donde centramos nuestros sentidos; diferente a la energía más alta o alejada de la materia densa que es el espíritu.
Ahora bien, este sentido lo podemos extrapolar a los conceptos del taoísmo como el Yin y Yang: donde Yin es tierra o materia y Yang es cielo o espíritu; y los 8 trigramas son distintos estados de transición entra Yin y Yang.
Energía, materia y espíritu en el universo séptuple
Las energías se presentan en 7 estados en todos los órdenes o ámbitos. Por ejemplo, la energía sonora se da en 7 notas musicales, los colores de la luz solar son 7 reflejados a través de un prisma o en el propio arcoíris.
El ser humano posee 7 centros psico energéticos donde se gestionan 7 diferentes frecuencias de vitalidad. En astrología hay 7 planetas originales que representan aspectos del ser, aunque se hayan agrega 3 nuevos en los últimos siglos, son considerados por los astrólogos como octavas superiores de los 7 originales.
Y también podemos usar el antiguo aforismo hermético «Como es afuera es adentro, como es arriba es abajo» La composición elemental de los 7 mares está contenida en una gota de agua de cualquier océano.
Si el universo es septenario, todas su partes y criaturas lo son y el hombre no será la excepción; según la teosofía y antiguas tradiciones místicas el hombre posee en su ser todo el espectro vibracional. En su máxima vibración se encuentra el espíritu puro, individual, la chispa divina, Atman según los Vedas, es Dios mismo.
Vibración inferior o el mundo físico
El principio vital, el principio emocional y el principio mental o Kama-Manas según los Vedas, forman la psique, que junto con el cuerpo físico forman la personalidad, residencia caduca y transitoria del verdadero hombre que es espíritu. Encima de los niveles de frecuencia vibratoria se encuentran el principio mental superior, Búdhico y Átmico, que son parte del ser trascendente.
En definitiva, totalizan 7 niveles o principios vitales que forman al hombre o en otras palabras como una cebolla; el hombre se forma en capas, donde las más exteriores serían las de frecuencia más bajas y son proyectadas y animadas a su vez por las internas de mayor vibración. Es decir que el cuerpo físico, el de mayor densidad, es proyectado y animado por la psique.
El cuerpo físico es tan denso que se dice es inerte, solo se mueve en respuesta a la psique. Cuando la psique se retira el cuerpo físico se disgrega y regresa a los elementos: la muerte. Es tan denso este cuerpo que de todos los seres que poseen Atman individual el ser humano es el único con cuerpo físico.
Ningún otro ser individual es capaz de vivir como nosotros lo hacemos en estas profundidades de la materia. El hombre perfecto ha logrado unificar ambos principios de energía, materia y espíritu eliminando la dualidad.
Enfermedad y sanación del la energía, materia y espíritu
La energía, materia y espíritu tienen una relación simbiótica por lo que sanando una podemos contribuir al bienestar de la otra. El cuerpo físico es inerte, los movimientos en la psique mueven al cuerpo.
Pensamos en caminar y nuestras piernas se mueven. El principio vital del ser unifica y anima al físico y lo mantiene ‘vivo’. El cuerpo no tiene una mente por sí misma, la psique se ocupa de la función fisiológica por lo cual no necesitamos pensar en digerir o respirar. Todo lo que le sucede en el cuerpo tiene origen en la psique.
En este sentido la enfermedad es el resultado de un movimiento o falta del mismo en la psique. Aquello que la psique no ha logrado solucionar y la hiere, se manifiesta físicamente como solución biológica.
La enfermedad es una adaptación. El cuerpo grita lo que el alma calla. Si no logro decirle al jefe en el trabajo lo que pienso de él porque temo ser sancionado, lo más probable es que desarrolle amigdalitis.
Durante el tiempo que mantuve en mi mente el enojo con mi jefe desarrollé una hiperplacia en mis amígdalas, crecieron para poder gritar más fuertemente y hacerme oír. Una vez olvidé el incidente la masa sobrante es descompuesta por microbios y el médico verá en ese momento mi garganta inflamada y decretará ‘amigdalitis’.
La explicación médica o físicas de las enfermedades
Para muchos de ellos la naturaleza de alguna forma se equivoca o es imperfecta; «los malvados microbios» quieren devorarnos y acabar con nosotros, debemos combatirlos. Sin embargo, lo que se combate es el síntoma, el cual está bien tratar con medicación, ya que dependiendo de qué síntoma podría ser mortal.
Toda la medicina y la farmacología alopática se basan en el síntoma, hacen un culto alrededor de él, pues el médico no explica mayor cosa al enfermo sobre su síntoma. El síntoma es el centro del sistema sanitario y el centro de la vida del enfermo.
Al distraernos con el síntoma quedamos ignorantes de lo que nos llevó a la enfermedad, el conflicto, la herida en el alma. Por ese motivo se repite el conflicto, la solución y la enfermedad vuelve.
Se desarrolla la tendencia a enfermar de algo en particular, o cronificarlo. Dado que el universo es un padre generoso y nos conoce a cada uno de nosotros como si fuéramos sus hijos, y quiere nuestra maduración y crecimiento; y por este motivo nos presentará muchas veces la situación que nos recuerda el conflicto para que la superemos.
Volviendo al ejemplo anterior, si me mantengo en malestar con el trabajo y peleando con el jefe, es muy probable que haya una herida en el alma con la figura paterna. Debo preguntarme sobre mi papá, qué le estoy reclamando, de que lo estoy culpando.
Una vez resuelto esto es probable que el problema laboral se disuelva como se disuelve una pastilla de chocolate en un tazón de leche caliente. La amigdalitis seguramente se irá.
Este el arte de la descodificación biológica de las enfermedades, basado en las leyes biológicas del doctor Ryke Hammer y sistematizada por Christian Fleche. Se basa en la idea de que para resolver la enfermedad no basta con apagar al síntoma, sino que se debe buscar la raíz emocional; es ahí donde entra el terapeuta para brindar herramientas al consultante para superar su conflicto emocional.
El enfoque de la descodificación biológica invierte el sentido de la carga y la responsabilidad, devolviendo al enfermo la propiedad sobre su síntoma y por tanto su responsabilidad para resolverlo.
No hay píldoras que tomar aquí, se trata de trabajar internamente, atender al mensaje de cuerpo, hacerse consciente y sobre todo tener la voluntad y el valor para hacerlo. Cuando nos contemplemos enfermos, en lugar de preguntar por el síntoma, preguntémonos qué herida estamos sanando.

